La quinta estrella

 

Había cuatro hombres esperando su destino cuando X llegó en busca del suyo. Cinco estrellas los guiaron a una casa en medio de un cerro despoblado, no cesaron de titilar hasta que una mujer salió a su encuentro. El aspecto etéreo de ella les causó temor, pese a todo, debió quedarse.
 
Con asombro vio una casa de cristal con dos habitaciones vacías. La mujer, le exigió permanecer en uno de los cuartos junto a los otros hombres. X sin prestar atención a los demás, se dirigió al fondo de la habitación. Contempló a través de la pared cómo las estrellas dibujaban un círculo perfecto, y en su forma orbital giraron alejándose unidas hacia otros tiempos en el firmamento. Iban y venían con la misma impaciencia con que él aguardaba la señal de la mujer.
 
Se aproximaba su turno. Los cuatro hombres habían desaparecido. No escuchó el sonido de la campana que colgaba de la puerta. A través de las paredes vio que el cielo estaba oscuro como siempre. Cuatro estrellas se esfumaron en la inmensidad y la quinta estuvo quieta afirmada a la noche.
 
Se abrió la puerta y entró la mujer. X se acercó, la tocó, sus manos traspasaron el cuerpo. Ella le ordenó pasar a la siguiente habitación.
 
En el rincón flotaba un libro al que le faltaba la primera página. Se aproximó, sintió su cuerpo más liviano. Tomó el libro en las manos y constató que en él estaba escrito el secreto de infinitos destinos. Lo afirmó contra su pecho. Repentinamente se desprendieron las hojas, atravesándolo y sediento asimiló su contenido. Vio completarse la primera hoja y de inmediato la antecedió una en blanco. Con el libro en la mano avanzó junto a la mujer, tomó el lugar de ella en la casa de cristal en otro tiempo, y se dedicó a descubrir los arcanos del universo y a designar a cada ser su destino, mientras sus ojos de hombre muerto reconocieron la quinta estrella que desapareció en el otro cielo.
 
                                                                                                                                                                    Parafraseando a Borges
Antalogado en: "A vuelta de página" 

 
 
 
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